Pedro Meyer ha asumido el riesgo de cuestionar, desde la praxis, todas las supuestas verdades que se han planteado sobre las funciones y las posibilidades del lenguaje fotográfico. La exposición en el Centro de la Imagen buscará destacar la vocación experimental de estas obras y subrayar que de este carácter arriesgado e innovador dependen, en gran medida, los aportes que este artista ha hecho a la fotografía contemporánea.
La hipótesis fundamental de la exposición consiste en lo siguiente: que todo ese carácter cuestionador y provocativo de la obra de Meyer está basado en una relación crítica con el ícono y con lo que los estudiosos de la cultura visual contemporánea llaman la iconosfera (o sea, ese universo de íconos en los que se basa y que constituyen el contexto de nuestra experiencia visual; un universo básicamente mediático y una experiencia básicamente de consumo).
Este punto ayuda a señalar algunas de las motivaciones del trabajo de Pedro Meyer. Pero sobre todo, ayuda a desplazar el énfasis desde un aspecto muy evidente (su relación experimental con los medios y las tecnologías como complemento de su relación crítica con el realismo fotográfico) hacia otro aspecto, tal vez más sutil: su relación crítica con la imagen y con el ícono, como complemento de su relación crítica con la realidad (sobre todo, con la “realidad” que nos proponen los medios, en el sentido anglo de media o mass media).
En correspondencia con estas hipótesis es que se han definido las estructuras lógica y museológica de la exposición.
En primer lugar, la exposición se estructura alrededor de varios ejes temáticos, como son: el retrato, entendiendo que la obra de Pedro Meyer es fundamentalmente retratística y que el retrato es probablemente el ícono por antonomasia; las imágenes de culto (religiosas, comerciales, políticas y otras) y las imágenes que explotan esa zona de ambigüedad entre lo fotográfico, lo digital y lo pictórico (digamos, entre el grano y el píxel, o entre el píxel y el pincel). Además la exposición se ve cruzada por una serie de ejes cualitativos que nos interesa resaltar como constitutivos de la propuesta artística: lo artificial, lo reproductivo, lo simbólico y lo mixto.
De ahí la estructura museológica prevista y que se basa en cinco secciones:
1-Retratos y relatos
El retrato es fundamental para referir al concepto de ícono. En esta sección, el retrato viene asociado en gran medida a la memoria del autor, pero también a la memoria de cada imagen. Es decir, con independencia del relato que el autor adjunta a cada retrato, está latente siempre la posibilidad de que cada espectador construya su propio relato a partir de la imagen. En ese sentido es que cada retrato sostiene un relato. En consecuencia, esta sección pudiera ser la más narrativa de la exposición.
2-Culto y cultura
Incluye referencias a la cultura popular, a ceremonia y rituales, y al ícono como objeto de culto. Aquí partimos del supuesto de que las culturas se basan en los cultos. Se muestra una variedad de imágenes que reproducen íconos religiosos o situaciones de culto, rituales o ceremoniales. Pero se introducen también íconos políticos o situaciones de culto al cuerpo, a la historia, a la muerte o al arte. De cierta manera, en esta sección parece que, más que de íconos, estamos hablando de ídolos.
3-Barroco mínimo
Se mantiene el tema de la cultura popular y la religiosidad. Hay imágenes tratadas con un tono más irónico. Abundan más los efectos de montaje y la contradicción visual. Es la serie que contiene un sentido más subversivo y donde se exhibe lo artificial como cualidad de lo real.
La selección se basa en el eclecticismo y el cruce de culturas.
Los temas tratados y el uso peculiar del color permiten sugerir ese tránsito irónico entre el supuesto barroquismo de la realidad latinoamericana (o tercermundista en general) y una visualidad propia del mundo del consumo y la cultura de masas.
En ese sentido es que se enfatizan ciertas analogías con el Pop, entendiéndolo como cultura de lo efímero, de lo consumible y de lo portátil. Desde una mirada contaminada por la visualidad Pop, el “barroco” latinoamericano deviene una especie de barroco “de bolsillo” o barroco mínimo.
4-Pincel/Píxel
Son fotos que formaron parte de la exposición El pincel de la cámara. Han sido manipuladas en Photoshop e imitan efectos y texturas propios de la pintura. Sugieren el tránsito del ícono fotográfico al ícono pictórico. Funcionan como una transición entre la sección Barroco mínimo y la sección Caprichos.
5-Caprichos
Son fotografías de la serie El ángel y sus demonios. Son propuestas muy radicales, que llevan al límite la metamorfosis del ícono fotográfico. Pueden llegar a recordar los Caprichos y los Disparates de Goya. Ésas serían las que cierran la exposición, dando un ejemplo de los límites que puede forzar el trabajo experimental de Pedro Meyer. Un poco irónicamente, este grupo de “retratos” o “anti-retratos, cierra el ciclo que abrió la sección Retratos y relatos.
La mayor parte de las obras en esta sección se mantienen insinuando con sutileza la relación entre lo fotográfico y lo pictórico, entre lo grotesco y lo bello, entre la realidad y la ficción, buscando que el espectador se quede con la sensación de haber participado de una experiencia estética rica en matices.
|